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domingo, 16 de enero de 2011

La conocí cuando estudiaba en la facultad de humanidades y trabajaba de mensajero en forma independiente, había logrado algunos clientes fijos y ganaba dinero para mantener mis vicios de adolescente mayor, me gustaba fumar marihuana y tomar alcohol con frecuencia, salir a toda fiesta o reunión que se presentase.
En uno de mis recorridos diarios por el centro de Mar del Plata pasé por la esquina de 20 de Septiembre y San Martín, frente a plaza Rocha, sobre esa esquina un grupo de personas, alrededor de cuarenta, entre los que reconocí estudiantes de la misma facultad a la que iba yo, se agrupaban y se manifestaban. Entonces mi curiosidad fue más fuerte que mis ganas de trabajar, como siempre, y paré.
Había una mesita donde muchachos parecían recolectar firmas, uno de ellos era amigo de mi hermano, entonces me acerqué para saludarlo y preguntarle qué ocurría. Efectivamente, me contó que estaban recuperando el edificio que se levantaba frente a mí sobre la esquina para hacerlo centro cultural, que pertenecía a una institución nacional pero que se encontraba abandonado y tapiado hacía ya varios años, que es un edificio público y que por tal motivo era propiedad de tod@s. Como los funcionarios anteriores y de entonces no tomaban cartas en el asunto y en casi ningún asunto que no beneficiara sus bolsillos o los de sus "socios políticos" la propuesta me pareció interesante, así que firmé la planilla con gusto; el Chino, este amigo de mi hermano, me invitó a que pasara a conocer el espacio, pero no me atreví, con la excusa de que debía seguir trabajando lo saludé y me fui.
Pasó tiempo de aquel episodio y yo seguía transitando las calles gracias a mi trabajo. Cada vez que pasaba, el edificio presentaba algo nuevo, carteles, colores, anuncios, gente que entraba y salía, yo solo miraba con curiosidad desde la moto.
Un día asistí a una fiesta que suele organizar murga “Los Murguientos” de Villa Primera en plaza Piloto, justamente pegada a la escuela que lleva el mismo nombre, había malabaristas, payasos, gente vendiendo empanadas, tortafritas y pochoclo; murgas de otros barrios y de otras ciudades. En este encuentro fue que conocí a un Rasta que me contó algo acerca de aquel espacio en la esquina de 20 de Septiembre y San Martín, terminamos por compartir algunas reuniones de esas que me gustaba frecuentar. El Rasta hacía malabares y le gustaba enseñar a la gente sus trucos y que la gente aprendiera a realizarlos, me enseño algunos. En un principio me parecía imposible mantener con mis manos tres pelotitas cruzándose en el aire al mismo tiempo y menos cuatro o cinco como le gustaba hacer a él en los semáforos. Charlando y jugando con los malabares me invitó a que pasara y entrara cuando quisiera en el espacio de la esquina frente a plaza Rocha. Me contó que era un centro cultural y que solía frecuentarlo: “se llama América Libre", dijo.
Mi rutina semanal siguió con naturalidad durante varios días. De lunes a viernes me levantaba por la mañana con el ruido de la alarma del celular, desayunaba y salía a trabajar paraba con la moto en el local de un amigo, un service de TV, audio y video ubicado en Moreno e/ 20 de Septiembre y España, que hacía las veces de base para la mensajería o “La Mensa”, como la llamábamos cariñosamente. Al mediodía solía dejar de trabajar para almorzar. Por lo general, y sobre todo el último tiempo de mensajero, frecuentaba "Lo de Lucy" o "La Comilona", una tratoría donde parábamos varios mensajeros y sujetos que trabajábamos en las calles, vendedores, cristaleros, técnicos de alguna empresa de cable, y demás. Solo una o dos veces vi que una mujer se sentara a comer entre los muchachos. Siempre me encontraba con algún colega e intercambiaba algunas palabras y novedades: “¿Tomamos una gaseosa a medias?”, "Viste que subió la nafta...", "Sabías que se accidentó tal...", "No vallas por tal lado que afanan mucho...", así comenzaban las conversaciones, gajes del oficio; mientras comía un plato caliente: "mondongo a la española", "lentejas con chorizo colorado", "pollo con papas a la provenzal", entre otros, y escapaba de las empanadas, las tartas, el fiambre y los sándwich de milanesa por un precio accesible. Después de trabajar iba a la facultad a cursar alguna materia si me tocaba, si no iba a algún cyber a chatear, o a lo de algún amigo o amiga. El fin de semana salía a algún boliche de la calle Alem o Constitución a emborracharme, fliparme y flirtear.
Una tarde que pasé por el “Centro Cultural América Libre” y vi al Rasta que había conocido aquel día en la Piloto jugando con sus pelotitas en la plaza de enfrente. Paré a saludarlo con la intención de que me mostrase el edificio, fue muy predispuesto, cruzamos la calle y entramos atravesando el umbral de puertas blindex, estaban abiertas. Era un espacio amplio. A mi derecha se apilaban sobre estantes y un mostrador muchísimos libros y un cartel tallado en madera colgado anunciaba: "Biblioteca Popular Paulo Freire". “Que interesante tienen biblioteca”, pensé. Hacia arriba se observaba un entrepiso que bordeaba todo el espacio al que había ingresado, sostenido por columnas de metal delgado y resguardado por un barandal.
Fue esa pila de libros lo que mas me llamó la atención y me motivó a seguir conociendo el espacio, tanto así que empecé a pasar cada ves mas seguido por el lugar y me enteré que funcionaba de manera autogestionada, pública y autónoma, y que había alguien que se encargaba de que la pila de libros sea una pila ordenada, que había alguien que se encargaba de que los baños estuviesen limpios, que había gente que donaba materiales de todo tipo y gente que los recibía y los distribuía, y que las dediciones sobre el lugar se tomaban en asamblea decidiendo entre tod@s, sin percibir ningún beneficio mas que el de la tranquilidad y el placer que provoca saber que estás transformando. Había frases pintadas y escritas en volantes y afiches: "Nuestra forma de resistir es creando"; “¿Quién resistirá cuando el arte ataque?", eran las mas evidentes. Confieso que me enamoré de ese lugar, de las personas que conocí en él pero por sobre todas las cosas de Venus.

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