Iba con Venus, cuando de repente advertí unas fallas en ella, algún mal extraño hacía que no pueda seguir a travesando el viento y zigzagueando entre las calles.
_ ¡Cos! ¡Cos!
Comenzó como una tos.
_ ¡Cos! ¡Cos! ¡Cos! ¡Cos!
Perdió fuerza su corazón, se extinguieron sus musicales explosiones.
_ ¡¿Qué pasa?!
Me bajé y la patee.
_Dale mi vida, qué te pasa.
La patee de nuevo.
_Dale, no seas así. Arrancá bonita.
Mi amada seguía desmayada. Quiso el destino que esto nos ocurriera a unas cuadras de casa. La abrasé y la acompañé hasta sus aposentos.
_No te preocupes, hoy descansa y mañana temprano vamos a lo del “Negro Brasil” para que te vea.
La dejé y fui a mi cuarto.
_ El aceite está bien, la batería anda, puede ser mugre en el carburador… espero que sea mugre en el carburador… pero está clavado el motor, capaz que está fundida. No, no, imposible, nunca la maltrato, es mugre en el carburador.
Me invadía la preocupación y la impotencia de no poder hacer algo para aliviar los síntomas de mi doncella.
Esa noche no dormí, me levanté temprano, tomé unos mates, y desarmé los plásticos que recubren su ergonómico y sensual cuerpo.
_ Te saco la ropita y te llevo mi amor, así te revisan más rápido y volvemos a casita enseguida.
La tomé del manubrio y rodamos las seis cuadras hasta lo del mecánico
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