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lunes, 18 de abril de 2011

Venus, la liebre y la tortuga

Llega un punto en la vida de toda persona en que debe tomar el toro por las astas. Claro que dentro del ruedo no es lo mismo que fuera de él, todos somos toreros hasta que sueltan al bravísimo y furioso toro. Que, dicho se de paso, con furia, ocasionada en gran parte por su cautiverio y en gran parte también por los gritos a voz viva que bajan desde las tribunas donde está la multitud enardecida, que quiere ver correr sangre, de más está decir que no importa de donde o de quién o de qué brote esa sangre, si del toro, si del torero, si de alguien del público mismo, eso es lo que menos interesa, lo que importa es que brote y que mane y que se enchastre en lo que encuentre a su paso tiñéndolo de vivo color rojo.
Ahora que hablo de toros, toreros y ruedos eso me recuerda a una historia en la que no había ninguno de estos elementos: La fábula de Venus, la liebre y la tortuga.
Un día de verano dice que estaban todos los animales del bosque reunidos en un claro y entre ellos Venus la princesa del bosque encantado. No había dicho que era un bosque encantado, pero sí era un bosque encantado, había hadas, gnomos, unicornios y demás animales fantásticos, algunos muy bellos, otros no tanto y otros directamente mejor ni nombrarlos, a estos seres nadie los había invitado a la reunión en el claro del bosque, pero el unicornio se enteró y se lo comunicó al resto de los seres fantásticos los cuales muy ofendidos por no habérselos tenido en cuenta decidieron marcharse del bosque, lo cual trajo como consecuencia inmediata que el bosque dejara de ser bosque encantado y se convierta en bosque, lo que no viene al caso pero es anecdótico. Por su parte Venus y el resto de los animales normales, comunes y corrientes seguían reunidos en el claro sin ni siquiera notar la ausencia de los otros. Entonces tomó la palabra la liebre y dijo: __ ¡Animales del bosque! ¿Quién quiere jugar una carrera?
Pero ninguno dijo nada, porque todos sabían que la liebre era el animal más veloz. La liebre entonces insistió:
__ ¡Vamos! ¿Quien quiere jugar una carrera? ¡Al que quiera le dejo ventaja! Entonces desde lejos y casi desde el piso se escucho una voz que dijo:
__ ¡Yo juego la carrera!
Todos los animales se corrieron y entonces se asomó la tortuga que repitió:
__ ¡Yo le juego una carrera señor liebre, y para hacerla más entretenida quien pierda perderá también la vida!
La liebre tragó saliva y aceptó el reto.
El resto de la fábula es obvio, la liebre le gana por kilómetros a la tortuga porque claramente la tortuga es el animal más lento después del caracol y era imposible que ganase dicha disputa. Así que tal como se había pactado, y como todos sabían de antemano, la tortuga perdió la carrera y luego la vida. Fin.

Moraleja: Triste final para la pobre tortuga, divertido y alegre para los que querían ver sangre. 

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